 |
Alergia es una reacción de hipersensibilidad, hiper-irritabilidad y exaltación del organismo, dirigida contra sustancias de origen vegetal y animal, que se encuentran en el medio ambiente.
Tenemos que considerar que el individuo alérgico no es un inmunodeficiente, sino que su sistema inmunológico reacciona “por demás”, de una manera exagerada en su intento de adaptarse al medio circundante.
¿Frente a qué sustancias reacciona un paciente alérgico?
Básicamente frente a alergenos. Los alergenos son sustancias de origen vegetal o animal que pueden determinar una sensibilización específica en ciertos individuos predispuestos, y que al reingresar en el organismo por diferentes vías (respiratoria, digestiva, cutánea) provocan manifestaciones de enfermedad alérgica.
Es fundamental aclarar que una sola exposición al alergeno es suficiente para desencadenar la producción de anticuerpos contra él, sin embargo, si no hay sucesivas exposiciones a dicho alergeno, no habrá ninguna manifestación clínica. Es decir, lo que cuenta aquí es la exposición reiterada.
Si no ocurren contactos posteriores, el individuo se irá desensibilizando natural y paulatinamente.
¿Quiénes se consideran atópicos?
Etimológicamente, el término atopía deriva del griego “a” “topos”:”otro lugar”, “fuera de lugar”, “rareza”, “singularidad”. Se reserva para aquellos individuos alérgicos con antecedentes familiares muy “floridos”en enfermedades del mismo tipo (por ejemplo hijos y nietos de padres y abuelos asmáticos, con rinitis o con eccema). Se calcula que aproximadamente un 15% de la población general de nuestro país presenta atopía.
La base genética es indiscutible. Se ha estimado que si ambos padres son atópicos, el niño tendrá un 85-90 % de probabilidades de serlo, mientras que si lo es sólo un progenitor, las chances se reducen a un 50%.
Es el momento oportuno de hacer una aclaración especial: no se puede estigmatizar a un niño porque presenta patrones clínicos o bioquímicos compatibles con atopia. No tenemos derecho a condenarlo a vivir en una “cajita de cristal”. Además, por más que un niño o un adulto sea atópico, si no existe contacto reiterado con el alergeno, no habrá repercusiones clínicas debidas a ese alergeno. Como en muchas otras áreas, la prevención es crucial.
¿Qué hay sobre la famosa alergia a los medicamentos?
Podemos tener una alergia verdadera a los medicamentos, en la cual están presentes anticuerpos específicos contra un fármaco dado, por ejemplo la penicilina. En otras situaciones no se puede detectar ningún anticuerpo contra dicho fármaco o sustancia (por ejemplo medios de contraste yodado). En este último caso hablamos de “pseudoalergia”. Las pseudoalergias también se pueden extender a diversos tipos de alimentos, especialmente aquellos muy “elaborados” industrialmente. Es de notar que la mayoría de las veces se trata de pseudoalergia desencadenada por los conservantes y no por el alimento en sí mismo. La diferenciación entre alergias verdaderas y pseudoalergias puede llegar a ser muy sutil y es patrimonio exclusivo del especialista.
La tan temida anafilaxia…
La respuesta anafiláctica de un paciente previamente sensibilizado aparece a los pocos minutos de la administración de un alergeno o antígeno específico y se manifiesta por distress respiratorio, generalmente seguido por colapso vascular o shock (sin antecedentes de dificultad respiratoria). También suele haber manifestaciones cutáneas como prurito y urticaria con o sin angioedema. Estamos en presencia de una reacción generalizada sistémica que también incluye manifestaciones gastrointestinales: náuseas, vómitos, y/o diarrea.
No existen evidencias sólidas de que factores tales como la ocupación, o ubicación geográfica predispongan de por sí, a la anafilaxia, excepto a través de la exposición a algún agente inmunogénico. Las sustancias capaces de desencadenar una reacción anafiláctica sistémica incluyen:
· Proteínas heterólogas como hormonas (insulina, vasopresina, parathormona), enzimas (tripsina, estreptokinasa).
· Extractos polínicos (de gramíneas, árboles).
· Extractos no polínicos (partículas de polvo ambiental, ácaros, cucarachas, pelos de gato, perros, animales de laboratorio)
· Alimentos (leche, huevos, mariscos, nueces, granos)
· Algunos anticuerpos (Inmunoglobulina anti-linfocitaria)
· Polisacáridos (dextranos).
· Drogas (protamina)/ antibióticos (penicilina, cefalosporinas, anfotericina B).
· Anestésicos locales (procaína, lidocaína)
¿Qué papel juega la genética en esta película?
Hoy en día sabemos que el paciente alérgico produce Inmunoglobulina E contra diversos alergenos, esto a la larga resulta perjudicial, pero hay más, mucho más…
Dentro de las “moléculas culpables” encontramos el complejo mayor de histocompatibilidad (CMH), el eterno responsable de los rechazos de transplantes. Específicamente, los locigenéticos identificados hasta ahora son: HLA_DR2, HLA_DQ5 (cromosoma 6), y su relación con hipersensibilidad a pólenes ha sido establecida.
Algunos otros HLA tendrían un efecto protector, por ejemplo: HLA DR4 y HLA DQ3, frente a los mismos antígenos.
Pero no todo se agota en el CMH; también estarían involucrados los genes para
Interleukinas. (IL-3, IL-4, IL-5), factores estimuladores de colonias (GM-CSF), gen
para la cadena Beta del receptor épsilon (Ig E), etc.
También existe desacuerdo con respecto a si la herencia es recesiva o dominante. Más aún, se ha llegado a postular un “imprinting” genómico (Cookson) con silenciamiento del gen “del asma” paterno y consecuente expresión del materno.
Tal vez, lo más sensato para decir frente a todos estos nombres moleculares es que la “tela genética” no lo es todo. Hay que contextualizar al paciente. Éste es una unidad bio-psico-social inmerso en un medio que lo estimula de diversas formas.
En la práctica… ¿Qué puedo hacer si yo soy alérgico y también algunos de mis familiares?
Algunas medidas y recomendaciones:
· Procurar que el medio ambiente o hábitat donde residimos esté libre de partículas provenientes de ácaros y cucarachas.
· Erradicar la humedad ambiente (“manchas de humedad” o verdín) para así evitar los hongos anemófilos que pueden provocar broncoespasmos nocturnos.
· Lo ideal sería que en las casas de las personas alérgicas no hubiera ningún animal que pierda pelo y escamas de su piel.
· Muchos pacientes sensibles a los pólenes se benefician con la inyección del o de los “pólenes ofensores” durante los meses de setiembre a marzo de nuestro calendario.
· Tener en cuenta que algunas sustancias del medio ambiente doméstico, como los desodorantes, los aerosoles, el jabón en polvo, los perfumes y el humo del tabaco pueden provocar reacciones indeseables en ciertos individuos que afectan el aparato respiratorio y a los ojos. Éstas reacciones no se corresponden siempre con alergia.
· La inhalación crónica del humo del tabaco provoca en los niños alérgicos-atópicos, empeoramiento de la alergia respiratoria; por ende, los padres no deben fumar en presencia de sus hijos, ya sean atópicos o no. |